sábado, 12 de febrero de 2011
lunes, 17 de enero de 2011
Colofonia
-Me voy con el circo, ¡voy a trabajar en el circo!
Así fue como lo decidí, solo salió de mi boca la frase y empecé a hacer mis maletas, me uniría al circo de acróbatas que esa tarde llegaba a Cracovia. No había vuelta atrás, ni mi padre, con sus 112 Kg de musculatura, lograría impedir mi partida.
Podría pensarse que tener 16 años y viajar por el mundo sería lo más divertido, pero una vez en el tren - literalmente- las cosas son distintas. Pasé dos años viajando, de ciudad en ciudad, de espectáculo en espectáculo... de vida en vida. Cada lugar, vida nueva. Los acróbatas, músicos, productores, vestuaristas, maquilladores y entrenadores rotaban constantemente... y yo seguía ahí, a los 18 ya me sentía una vieja. Mi lenguaje ya no era bocalmente articulado, mi cuerpo hablaba por mí, mis ojos veían lo que debía hacer para la presentación y mis extremidades lo copiaban. Hablaba con pocos porque no lográbamos entendernos, me comunicaba con sonrisas, ademanes y reverencias. Con gracia, siempre con mucha gracia.
En uno de mis pocos días libres, estando en París, decidí ir a ver el show de otro circo. Al entrar los colores me dejaron maravillada, las luces crearon universos paralelos en mi mente, la música vibró por todo mi cuerpo. Una decisión nueva fue pronunciada por mis labios: Me uniré a este circo.
No sabía cómo hacer, la seguridad hacía que hablar con alguna persona de la organización fuera imposible. Así que decidí quedarme en París, no montarme en el siguiente tren rumbo a Alemania y buscar la manera de formar parte de ese nuevo mundo.
Con los ahorros que tenía alquilé una habitación en un hotel cerca de la estación más próxima donde se encontraban las instalaciones base del circo. Era de ahí, de París. Comí bien, me di la oportunidad de conocer la ciudad, de perfeccionar el francés (una amiga del circo me había estado enseñando) y de conseguir un trabajo en una galería de arte. Un día yendo a la galería vi en las paredes del metro una convocatoria a las audiciones para el Circo. ¡No podía creerlo!
Fui seleccionada, la verdad es que no se me hizo difícil, no estaba nerviosa, sentí como si estuviera ensayando en casa. En 2 semanas más ya me encontraba sentada en un avión (mi primera vez en uno) rumbo a Barcelona. Todos esos días previos habíamos practicado, había conocido gente nueva... mi vestuario era increíble, tenía mucho brillo, distintos colores que se mezclaban con las luces del show.
Una de las cosas maravillosas de este nuevo circo es que la música era interpretada en vivo, no como en el anterior, que teníamos 20 discos que se repetían una y otra vez con el pasar de los meses. No me había dado la oportunidad de conocer a los músicos, ¡es que éramos tantos!, pero una tarde en el almuerzo me senté con ellos. Estaba acostumbrada a no hablar sino a esperar reconocer alguna lengua que pudiera hablar, o al menos entender. No pude entender nada, pero nos sonreímos todos, fueron muy amables conmigo, supongo porque era la única mujer sentada en su mesa. Hubo uno en particular, Nikola, cuya mirada sonrojó mi rostro. Es a él a quien le debo toda esta historia.
El violinista serbio, como me gustaba decirle en mis sueños despierta para darle un toque más romántico a lo nuestro, se ideó una rutina nueva al llegar a los ensayos solo para verme, caminaba el doble de lo que normalmente caminaba para llegar a su estación, y yo practicaba y fingía no ver que pasaba frente a mí. Nos saludábamos tímidamente en días intermitentes, y yo imaginaba situaciones entre nosotros, conversaciones, citas en un parque o un café. Me imaginé sus manos en mi cintura, el olor de su respiración, la textura de sus labios... Pero nada de eso estuvo cerca de la realidad. En la concreción de la cercanía todo estuvo mejor, todo tuvo un sabor dulce con ácido... de esos que hacen agua la boca.
La primera vez que nos vimos fuera del circo fue en un tren yendo a un pueblo cercano a Barcelona, yo quise ir a conocerlo y no sé si casualmente él también, pero ahí lo encontré en el primer vagón, sentado en uno de las mesas, con la luz del día cruzándose en su pelo negro y haciéndolo ver más claro, con sus ojos oscuros y su escencia de músico sabio. Me senté junto a él y pasamos todo el viaje conversando de todo lo que los 45 minutos nos dieron oportunidad de hablar. Paseamos por Cadaqués, aprendimos sobre Dalí y nos tomamos un par de fotografías, tímidos. Regresamos a la ciudad y empezamos a compartir cada momento libre que encontrábamos juntos.
Me enseñó algunas palabras en serbio y yo él algo de polaco, hablamos juntos en francés y por la calle aprendimos un poco de español. Aprendí sobre música y él sobre las capacidades del cuerpo para volar sin alas. Mi cintura estuvo entre sus manos y su pelo entre mis dedos. Nos volvimos realistas y discutimos, nos gritamos con toda la fuerza que nos proporcionó nuestros pulmones. Y nos volvimos a hablar con cariño, nos hicimos promesas e ideamos escenarios en los que pudiéramos estar juntos.
El fin de la gira estaba por llegar y las promesas se convirtieron en preguntas. Él debía ir a otra ciudad, yo debía quedarme un tiempo más en Barcelona. De nuevo, fuimos realistas y discutimos, nos gritamos con toda la fuerza que nos proporcionó nuestros pulmones. Llegó la noche anterior a su partida y, sin notarlo, nos hablamos con cariño.
Me quedé pensando en lo que pudo haber sido. Él me espera, mantiene sus promesas... y yo conservo mis preguntas. Recibo sus cartas y suspiro, pensamos uno en el otro todos los días. De todo lo sucedido me queda una pofunda satisfacción, una eterna alegría, viví un romance de cuento, con bailarines, luces, música, colores, acróbatas y un músico... el romántico violinista.
Así fue como lo decidí, solo salió de mi boca la frase y empecé a hacer mis maletas, me uniría al circo de acróbatas que esa tarde llegaba a Cracovia. No había vuelta atrás, ni mi padre, con sus 112 Kg de musculatura, lograría impedir mi partida.
Podría pensarse que tener 16 años y viajar por el mundo sería lo más divertido, pero una vez en el tren - literalmente- las cosas son distintas. Pasé dos años viajando, de ciudad en ciudad, de espectáculo en espectáculo... de vida en vida. Cada lugar, vida nueva. Los acróbatas, músicos, productores, vestuaristas, maquilladores y entrenadores rotaban constantemente... y yo seguía ahí, a los 18 ya me sentía una vieja. Mi lenguaje ya no era bocalmente articulado, mi cuerpo hablaba por mí, mis ojos veían lo que debía hacer para la presentación y mis extremidades lo copiaban. Hablaba con pocos porque no lográbamos entendernos, me comunicaba con sonrisas, ademanes y reverencias. Con gracia, siempre con mucha gracia.
En uno de mis pocos días libres, estando en París, decidí ir a ver el show de otro circo. Al entrar los colores me dejaron maravillada, las luces crearon universos paralelos en mi mente, la música vibró por todo mi cuerpo. Una decisión nueva fue pronunciada por mis labios: Me uniré a este circo.
No sabía cómo hacer, la seguridad hacía que hablar con alguna persona de la organización fuera imposible. Así que decidí quedarme en París, no montarme en el siguiente tren rumbo a Alemania y buscar la manera de formar parte de ese nuevo mundo.
Con los ahorros que tenía alquilé una habitación en un hotel cerca de la estación más próxima donde se encontraban las instalaciones base del circo. Era de ahí, de París. Comí bien, me di la oportunidad de conocer la ciudad, de perfeccionar el francés (una amiga del circo me había estado enseñando) y de conseguir un trabajo en una galería de arte. Un día yendo a la galería vi en las paredes del metro una convocatoria a las audiciones para el Circo. ¡No podía creerlo!
Fui seleccionada, la verdad es que no se me hizo difícil, no estaba nerviosa, sentí como si estuviera ensayando en casa. En 2 semanas más ya me encontraba sentada en un avión (mi primera vez en uno) rumbo a Barcelona. Todos esos días previos habíamos practicado, había conocido gente nueva... mi vestuario era increíble, tenía mucho brillo, distintos colores que se mezclaban con las luces del show.
Una de las cosas maravillosas de este nuevo circo es que la música era interpretada en vivo, no como en el anterior, que teníamos 20 discos que se repetían una y otra vez con el pasar de los meses. No me había dado la oportunidad de conocer a los músicos, ¡es que éramos tantos!, pero una tarde en el almuerzo me senté con ellos. Estaba acostumbrada a no hablar sino a esperar reconocer alguna lengua que pudiera hablar, o al menos entender. No pude entender nada, pero nos sonreímos todos, fueron muy amables conmigo, supongo porque era la única mujer sentada en su mesa. Hubo uno en particular, Nikola, cuya mirada sonrojó mi rostro. Es a él a quien le debo toda esta historia.
El violinista serbio, como me gustaba decirle en mis sueños despierta para darle un toque más romántico a lo nuestro, se ideó una rutina nueva al llegar a los ensayos solo para verme, caminaba el doble de lo que normalmente caminaba para llegar a su estación, y yo practicaba y fingía no ver que pasaba frente a mí. Nos saludábamos tímidamente en días intermitentes, y yo imaginaba situaciones entre nosotros, conversaciones, citas en un parque o un café. Me imaginé sus manos en mi cintura, el olor de su respiración, la textura de sus labios... Pero nada de eso estuvo cerca de la realidad. En la concreción de la cercanía todo estuvo mejor, todo tuvo un sabor dulce con ácido... de esos que hacen agua la boca.
La primera vez que nos vimos fuera del circo fue en un tren yendo a un pueblo cercano a Barcelona, yo quise ir a conocerlo y no sé si casualmente él también, pero ahí lo encontré en el primer vagón, sentado en uno de las mesas, con la luz del día cruzándose en su pelo negro y haciéndolo ver más claro, con sus ojos oscuros y su escencia de músico sabio. Me senté junto a él y pasamos todo el viaje conversando de todo lo que los 45 minutos nos dieron oportunidad de hablar. Paseamos por Cadaqués, aprendimos sobre Dalí y nos tomamos un par de fotografías, tímidos. Regresamos a la ciudad y empezamos a compartir cada momento libre que encontrábamos juntos.
Me enseñó algunas palabras en serbio y yo él algo de polaco, hablamos juntos en francés y por la calle aprendimos un poco de español. Aprendí sobre música y él sobre las capacidades del cuerpo para volar sin alas. Mi cintura estuvo entre sus manos y su pelo entre mis dedos. Nos volvimos realistas y discutimos, nos gritamos con toda la fuerza que nos proporcionó nuestros pulmones. Y nos volvimos a hablar con cariño, nos hicimos promesas e ideamos escenarios en los que pudiéramos estar juntos.
El fin de la gira estaba por llegar y las promesas se convirtieron en preguntas. Él debía ir a otra ciudad, yo debía quedarme un tiempo más en Barcelona. De nuevo, fuimos realistas y discutimos, nos gritamos con toda la fuerza que nos proporcionó nuestros pulmones. Llegó la noche anterior a su partida y, sin notarlo, nos hablamos con cariño.
Me quedé pensando en lo que pudo haber sido. Él me espera, mantiene sus promesas... y yo conservo mis preguntas. Recibo sus cartas y suspiro, pensamos uno en el otro todos los días. De todo lo sucedido me queda una pofunda satisfacción, una eterna alegría, viví un romance de cuento, con bailarines, luces, música, colores, acróbatas y un músico... el romántico violinista.
jueves, 13 de enero de 2011
La (no) loca de mierda.
¿Saben qué se me hace jodidamente difícil? Hablar concientemente sola. Es un peo.
Una cosa es ir manejando y que se atraviese alguien inesperadamente y diga: "¡Coooño, pana, ¿tú no ves?", o que haya olvidado algo en casa y lo recuerde cruzando la calle mientras me llevo una mano a la frente: "¡Veeerg... el paraguas!". Y así me puedo pasar la vida hablando sola accidentalmente. Pero cuando se trata de querer jugar a la intensa que imita a La loca de mierda... no me sale.
Quiero dármelas de la graciosa, pero no lo soy, me sale falso. Quiero hacer videos para expresar críticas a la sociedad, para contar anécdotas o hablar de mi psicosis controlada... y no me sale. Quiero hacer videos para juntarlos con los de Claudia y seguirnos divirtiendo en la distancia... pero no, no tengo madera de habladorasolafrentealacámara. Y ni siquiera con una cámara... es que hoy en mi cuarto quise hablar sola sobre algo que me está martillando la cabeza y no pude, me siento falsa e inventada.
Será mejor seguir escribiendo, re-retomar el hábito... que aunque nadie me lea, yo me entretengo.
Una cosa es ir manejando y que se atraviese alguien inesperadamente y diga: "¡Coooño, pana, ¿tú no ves?", o que haya olvidado algo en casa y lo recuerde cruzando la calle mientras me llevo una mano a la frente: "¡Veeerg... el paraguas!". Y así me puedo pasar la vida hablando sola accidentalmente. Pero cuando se trata de querer jugar a la intensa que imita a La loca de mierda... no me sale.
Quiero dármelas de la graciosa, pero no lo soy, me sale falso. Quiero hacer videos para expresar críticas a la sociedad, para contar anécdotas o hablar de mi psicosis controlada... y no me sale. Quiero hacer videos para juntarlos con los de Claudia y seguirnos divirtiendo en la distancia... pero no, no tengo madera de habladorasolafrentealacámara. Y ni siquiera con una cámara... es que hoy en mi cuarto quise hablar sola sobre algo que me está martillando la cabeza y no pude, me siento falsa e inventada.
Será mejor seguir escribiendo, re-retomar el hábito... que aunque nadie me lea, yo me entretengo.
La dicha
Cuando la vida quiere mandarme hadas benévolas... lo hace.
Aquí estaba yo, sentada frente a mi computadora redactando el proyecto de tesis y justo en el apartado donde debo detallar las técnicas de investigación que utilizaré para mi trabajo me di cuenta de que había olvidado los nombres de las mismas, y que además debía definirlas, así que si las recordaba o no por nombre, debía recurrir a algún manual.
Recordé una materia que vi en 2do semestre que se llama Técnicas de investigación documental y me dije: "Maldición, dónde estará ese cuaderno? yo todo eso lo doné a la escuela... qué mala vaina, por qué lo hice?".
Me fui a mi biblioteca y por no dejar quise empezar a revisar. Primer cuaderno: Técnicas de investigación documental. "YES!!!!"
Aquí estaba yo, sentada frente a mi computadora redactando el proyecto de tesis y justo en el apartado donde debo detallar las técnicas de investigación que utilizaré para mi trabajo me di cuenta de que había olvidado los nombres de las mismas, y que además debía definirlas, así que si las recordaba o no por nombre, debía recurrir a algún manual.
Recordé una materia que vi en 2do semestre que se llama Técnicas de investigación documental y me dije: "Maldición, dónde estará ese cuaderno? yo todo eso lo doné a la escuela... qué mala vaina, por qué lo hice?".
Me fui a mi biblioteca y por no dejar quise empezar a revisar. Primer cuaderno: Técnicas de investigación documental. "YES!!!!"
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Medidor de la locura
He determinado que los medidores de la locura en mi dialecto están estrechamente relacionados con juguetes tradicionales del país: "Ese Luis está loco e' perinola!" ... "Ella es así, déjala, ¡está más loca que una metra!"
domingo, 28 de noviembre de 2010
Sobre Blue Label
Y cerré el libro y me quedé con una sensación rara en el pecho. La identifiqué. Es lo que me pasa cada vez que quedo complacida tras haber leído una novela. Desde hacía mucho no me pasaba, han transcurrido meses y meses y los libros han ido quedando a la mitad, o simplemente los leo por el compromiso de terminar lo que empecé. Con éste, con Blue Label, contaba las horas para poder volver a leer.
La historia se convirtió en la historia de unos panas que sentía que conocía. Hay un poquito de Luis Tévez en cada hombre con el que he compartido, hay un poco de la despreocupación de Eugenia por la información de actualidad, musical o cultural en varias de mis amigas, hay algo de ella en mi carácter raro y atravesado.
Me reí un montón... es que el autor me habló en mi dialecto, dijo coños y no jodas sinceros, habló de pequeñeces de mi cultura, me hizo reencontrarme con lo de pinga que es ser venezolano. También fue empático con mi sentir indiferente hacia mi país, que se ha vuelto así porque ya salir odiando la calle, la gente, el transporte público, el gobierno... se convirtió en mi día a día, así que mejor hacerme la indiferente.
No sólo me reí y entendí los chistes criollos, me sentí triste, lloré por la desgracia que acompañó la vida de tantos en esas páginas. Sentí lástima por el papá de Eugenia, reconocí historias cercanas, familiares...
Me pareció muy bien lograda, me atrapó de principio a fin la historia, me sentí identificada, me hizo darle imagen a cada línea. Dejó en mi a unos cuantos conocidos nuevos: a Eugenia, a Luis, a Vadier y a Nairobi... y a algunos más, pero estos tienen cara y voz para mí.
Me quedé sabiendo que en Venezuela hay más que las balurdeces de Román Chalbaud, que la música inocua y el cine mal dirigido. Ecribir groserías en una obra literaria no es sinónimo de escribir mamarrachadas, es afrontar la realidad lingüística de una cultura... pero hay que saber hacerlo.
En fin... recomiendo abiertamente Blue Label / Etiqueta Azul de Eduardo Sánchez Rugeles, Premio Iberoamericano de Literatura Arturo Uslar Pietri.
¡Salud!
La historia se convirtió en la historia de unos panas que sentía que conocía. Hay un poquito de Luis Tévez en cada hombre con el que he compartido, hay un poco de la despreocupación de Eugenia por la información de actualidad, musical o cultural en varias de mis amigas, hay algo de ella en mi carácter raro y atravesado.
Me reí un montón... es que el autor me habló en mi dialecto, dijo coños y no jodas sinceros, habló de pequeñeces de mi cultura, me hizo reencontrarme con lo de pinga que es ser venezolano. También fue empático con mi sentir indiferente hacia mi país, que se ha vuelto así porque ya salir odiando la calle, la gente, el transporte público, el gobierno... se convirtió en mi día a día, así que mejor hacerme la indiferente.
No sólo me reí y entendí los chistes criollos, me sentí triste, lloré por la desgracia que acompañó la vida de tantos en esas páginas. Sentí lástima por el papá de Eugenia, reconocí historias cercanas, familiares...
Me pareció muy bien lograda, me atrapó de principio a fin la historia, me sentí identificada, me hizo darle imagen a cada línea. Dejó en mi a unos cuantos conocidos nuevos: a Eugenia, a Luis, a Vadier y a Nairobi... y a algunos más, pero estos tienen cara y voz para mí.
Me quedé sabiendo que en Venezuela hay más que las balurdeces de Román Chalbaud, que la música inocua y el cine mal dirigido. Ecribir groserías en una obra literaria no es sinónimo de escribir mamarrachadas, es afrontar la realidad lingüística de una cultura... pero hay que saber hacerlo.
En fin... recomiendo abiertamente Blue Label / Etiqueta Azul de Eduardo Sánchez Rugeles, Premio Iberoamericano de Literatura Arturo Uslar Pietri.
¡Salud!
lunes, 8 de noviembre de 2010
Abastos Bicentenario: Rumbo al fracaso del socialismo... a paso de vencedores.
Un día de trabajo normal. Tuve que ir al CCCT a hacer unos depósitos y a hacer unas compras de algunos artículos que hacían falta para el estudio. Pensé que el lugar ideal para comprarlos sería el súper mercado, para no estar dando vueltas de tienda especializada en tienda especializada.
Y llegué a un "Abastos Bicentenario", ese súper que luce igual, está en el mismo lugar, vende lo mismo... pero funciona distinto a CADA - o al híper mercado ÉXITO -. Pero pasa que no es que sean iguales a éstos, es que los reemplazaron, algo así como un usurpamiento de identidad. Así sí es fácil construir socialismo, utilizando lo que ya otros han armado, trabajado y cultivado. Y no digo que estas dos cadenas - CADA y ÉXITO hayan sido mis súper mercados de preferencia a la hora de comprar, no. Pero al menos antes no había tenido una experiencia como la que estoy por relatar.
Tras encontrar todo lo que necesitaba (a pesar de que, como la mayoría de los establecimientos de este tipo, estaban muchos estantes vacíos) pagué y pedí en la caja que la factura se hiciera jurídica, pero me indicaron, señalando con el dedo y con un poco de mala gana, que debía pedirla "allá", en el puesto de Atención al usuari@ - ya no somos todos usuarios, somos usuarios y usiarias, y supongo que por economía de espacio en el cartel, cosa que me extraña porque no suelen escatimar en tinta, papel, espacio web, para hablar de los niños, niñas, médicos, médicas, las estudiantes y los estudiantes (que seguro en uno que otro sitio también se usa estudiantes y estudiantas, así como cadetes y cadetas), pusieron el arroba (@) -.
Supuse que sería algo así como cuando te dicen que debes ir a conformar el cheuqe en atención al cliente - o a el cliente y la clienta -. Entonces me dieron mi ticket en caja y fui para "allá". Había tres muchachas, una se veía ocupada, otra no tanto y la otra estaba leyendo en una revista un artículo sobre sexo.... y la verdad no necesité que se activara mi curiosidad, ella misma se encargó de señalar en un altísimo tono de voz "¡Ay, a mi me gusta esta!", enseñando una ilustración de una pareja consumando el acto sexual de pie... realmente el hombre de pie y la mujer trepada sobre él abrazándolo con sus piernas. Luego la otra no tan ocupada señala otra ilustración para hacerle saber que ESA era la que a ella más le gustaba.
Y pregunto "...Para hacer una factura jurídica?" y la de la revista me señala a a la ocupada y me dice "Con ella, mami". La veo a ELLA y, honestamente, la vi muy ocupada, parecía estar transcribiendo a mano TODA la lista de productos existentes en el establecimiento. Después de esperar un par de minutos le pregunto "¿Es contigo? ... Para lo de la factura" ... "Sí, pero te tienes que esperá que termine aquí" y veo en su mano un ticket de unos 60 cm de largo.
Ella, además de encargarse de lo que la vi haciendo, recibía las bolsas y bultos de los clientes que entraban y les daba un número, atendía llamadas telefónicas, hablaba por el altavoz del súper mercado y salía cuando algún compañero le gritaba que fuera un momento... y todo esto con la calma necesaria como para sacarme de quicio. Cuando me doy cuenta, lo que estaba haciendo era precisamente eso, lo obvio, haciendo una factura jurídica para otra persona, a mano, sí, ¿Cómo pude pensar que estaba haciendo otra cosa?
Al regreso de una de sus ausencias le digo "oye, y no habrá otra persona que pueda ayudarme con esto?" ... "Te dije que te tienes que esperá". Y bueno, yo salí de mi trabajo a hacer diligencias, no a perder 2 horas de mi jornada laboral. Ya al rato trato de ser empática y le digo que me parece muy raro que ella tenga que hacer eso a mano, si por ejemplo donde yo trabajo, el Seniat no permitió que abrieran hasta no tener la máquina de facturación fiscal.
"Y dónde trabajas tú?" ... "En un estudio de Pilates". Al parecer, según ella, se debe a que son dos tipos de mercados distintos. Supongo entonces que Excelsior Gamma, Central Madeirense, Unicasa y El Patio... también lo son. Un tipo de mercado distinto, porque hacen las facturas en la caja registradora.
Me quedo callada por un rato sólo viéndola trabajar y en esas levanta la mirada, me ve a los ojos y me repite "Te tienes que esperá". De nuevo empática - creía yo - comenté que sabía que no era su culpa que la pusieran a ella sola a hacer eso, que además es casi inhumano tener que transcribir tanto a mano todos los días. Pero mi empatía no le llegó ni a las orejas, porque después de escucharme decir que me parecía muy extraño ese sistema, que yo en mi vida había visto que este tipo de facturación tuviera que hacerse así, a menos que se hubiera ido la luz o caído el sistema, como pasa mucho en este país, au respuesta fue "¿Cómo que en tu vida? Si antes todo era así". Entonces bueno, ahí comprendí que tenía la batalla perdida desde que empecé... y más aún cuando la mujer a quien le estaban transcribiendo el ticket kilométrico dijo "No importa, házselo a ella, que está como estresá".
Al final, la diligencia terminó tardando el triple de lo que esperaba... y yo quedé preguntándome qué es lo que está pasando, por qué la gente perdió el concepto de atención al cliente, por qué los demás se conforman con recibir malos tratos, y además defienden a los que los ejecutan, porque supongo que serán iguales en su día a día con el resto del mundo. Es que se ha difundido de tal manera el discurso violento y cizañero que ya el venezolano es otro, la concepción de un venezolano, para mi, no se parece a lo que yo represento. No entiendo cuál es la idea de un socialismo en el que el concepto fundamental parece ser llenarse la boca de mala educación y reducir los índices de calidad. No comprendo de qué progreso habla Hugo Chávez, si estamos ahora volviendo a escribir facturas a mano, cuando nos encontramos en la época de las tecnologías digitales.
Je ne comprends pas...
Não percebo...
Yo no entiendo, yo ya ni sé.
Y llegué a un "Abastos Bicentenario", ese súper que luce igual, está en el mismo lugar, vende lo mismo... pero funciona distinto a CADA - o al híper mercado ÉXITO -. Pero pasa que no es que sean iguales a éstos, es que los reemplazaron, algo así como un usurpamiento de identidad. Así sí es fácil construir socialismo, utilizando lo que ya otros han armado, trabajado y cultivado. Y no digo que estas dos cadenas - CADA y ÉXITO hayan sido mis súper mercados de preferencia a la hora de comprar, no. Pero al menos antes no había tenido una experiencia como la que estoy por relatar.
Tras encontrar todo lo que necesitaba (a pesar de que, como la mayoría de los establecimientos de este tipo, estaban muchos estantes vacíos) pagué y pedí en la caja que la factura se hiciera jurídica, pero me indicaron, señalando con el dedo y con un poco de mala gana, que debía pedirla "allá", en el puesto de Atención al usuari@ - ya no somos todos usuarios, somos usuarios y usiarias, y supongo que por economía de espacio en el cartel, cosa que me extraña porque no suelen escatimar en tinta, papel, espacio web, para hablar de los niños, niñas, médicos, médicas, las estudiantes y los estudiantes (que seguro en uno que otro sitio también se usa estudiantes y estudiantas, así como cadetes y cadetas), pusieron el arroba (@) -.
Supuse que sería algo así como cuando te dicen que debes ir a conformar el cheuqe en atención al cliente - o a el cliente y la clienta -. Entonces me dieron mi ticket en caja y fui para "allá". Había tres muchachas, una se veía ocupada, otra no tanto y la otra estaba leyendo en una revista un artículo sobre sexo.... y la verdad no necesité que se activara mi curiosidad, ella misma se encargó de señalar en un altísimo tono de voz "¡Ay, a mi me gusta esta!", enseñando una ilustración de una pareja consumando el acto sexual de pie... realmente el hombre de pie y la mujer trepada sobre él abrazándolo con sus piernas. Luego la otra no tan ocupada señala otra ilustración para hacerle saber que ESA era la que a ella más le gustaba.
Y pregunto "...Para hacer una factura jurídica?" y la de la revista me señala a a la ocupada y me dice "Con ella, mami". La veo a ELLA y, honestamente, la vi muy ocupada, parecía estar transcribiendo a mano TODA la lista de productos existentes en el establecimiento. Después de esperar un par de minutos le pregunto "¿Es contigo? ... Para lo de la factura" ... "Sí, pero te tienes que esperá que termine aquí" y veo en su mano un ticket de unos 60 cm de largo.
Ella, además de encargarse de lo que la vi haciendo, recibía las bolsas y bultos de los clientes que entraban y les daba un número, atendía llamadas telefónicas, hablaba por el altavoz del súper mercado y salía cuando algún compañero le gritaba que fuera un momento... y todo esto con la calma necesaria como para sacarme de quicio. Cuando me doy cuenta, lo que estaba haciendo era precisamente eso, lo obvio, haciendo una factura jurídica para otra persona, a mano, sí, ¿Cómo pude pensar que estaba haciendo otra cosa?
Al regreso de una de sus ausencias le digo "oye, y no habrá otra persona que pueda ayudarme con esto?" ... "Te dije que te tienes que esperá". Y bueno, yo salí de mi trabajo a hacer diligencias, no a perder 2 horas de mi jornada laboral. Ya al rato trato de ser empática y le digo que me parece muy raro que ella tenga que hacer eso a mano, si por ejemplo donde yo trabajo, el Seniat no permitió que abrieran hasta no tener la máquina de facturación fiscal.
"Y dónde trabajas tú?" ... "En un estudio de Pilates". Al parecer, según ella, se debe a que son dos tipos de mercados distintos. Supongo entonces que Excelsior Gamma, Central Madeirense, Unicasa y El Patio... también lo son. Un tipo de mercado distinto, porque hacen las facturas en la caja registradora.
Me quedo callada por un rato sólo viéndola trabajar y en esas levanta la mirada, me ve a los ojos y me repite "Te tienes que esperá". De nuevo empática - creía yo - comenté que sabía que no era su culpa que la pusieran a ella sola a hacer eso, que además es casi inhumano tener que transcribir tanto a mano todos los días. Pero mi empatía no le llegó ni a las orejas, porque después de escucharme decir que me parecía muy extraño ese sistema, que yo en mi vida había visto que este tipo de facturación tuviera que hacerse así, a menos que se hubiera ido la luz o caído el sistema, como pasa mucho en este país, au respuesta fue "¿Cómo que en tu vida? Si antes todo era así". Entonces bueno, ahí comprendí que tenía la batalla perdida desde que empecé... y más aún cuando la mujer a quien le estaban transcribiendo el ticket kilométrico dijo "No importa, házselo a ella, que está como estresá".
Al final, la diligencia terminó tardando el triple de lo que esperaba... y yo quedé preguntándome qué es lo que está pasando, por qué la gente perdió el concepto de atención al cliente, por qué los demás se conforman con recibir malos tratos, y además defienden a los que los ejecutan, porque supongo que serán iguales en su día a día con el resto del mundo. Es que se ha difundido de tal manera el discurso violento y cizañero que ya el venezolano es otro, la concepción de un venezolano, para mi, no se parece a lo que yo represento. No entiendo cuál es la idea de un socialismo en el que el concepto fundamental parece ser llenarse la boca de mala educación y reducir los índices de calidad. No comprendo de qué progreso habla Hugo Chávez, si estamos ahora volviendo a escribir facturas a mano, cuando nos encontramos en la época de las tecnologías digitales.
Je ne comprends pas...
Não percebo...
Yo no entiendo, yo ya ni sé.
sábado, 23 de octubre de 2010
Hoy es así.
Creo que es normal. Sentirse feliz todo el tiempo quizá no es un estado fácil de mantener, aunque me gustaría saber hacerlo.
Hay días, hay noches, hay nubes grises, hay vinos que simplemente conducen a las lágrimas y a la ansiedad.
Hay amistades que se van y seres cercanos tan cercanos que es casi imposible poder estar bien cuando ellos están mal.
Sería bueno poder sonreír todo el tiempo, seguir bailando sin pensar en más nada, pero es que simplemente hay días que no están dados para eso.
La alegría llegará de nuevo, quizás esta noche, quizás mañana, pero llegará y yo habré aprendido un poquito más. Mientras tanto, me entregaré a la cama de sábanas blancas por un rato más hasta que se vacíe el lago de sentimientos revueltos y que tras la lluvia, vuelva a llenarse de estabilidad, alegría e inspiración positiva.
Hay días, hay noches, hay nubes grises, hay vinos que simplemente conducen a las lágrimas y a la ansiedad.
Hay amistades que se van y seres cercanos tan cercanos que es casi imposible poder estar bien cuando ellos están mal.
Sería bueno poder sonreír todo el tiempo, seguir bailando sin pensar en más nada, pero es que simplemente hay días que no están dados para eso.
La alegría llegará de nuevo, quizás esta noche, quizás mañana, pero llegará y yo habré aprendido un poquito más. Mientras tanto, me entregaré a la cama de sábanas blancas por un rato más hasta que se vacíe el lago de sentimientos revueltos y que tras la lluvia, vuelva a llenarse de estabilidad, alegría e inspiración positiva.
martes, 19 de octubre de 2010
Sospechosos habituales.
Me aburre la gente común. Si existe tanta música en el mundo, ¿Por qué escuchar siempre lo mismo? La gente común sólo sabe de reggaetón, pachanga y balada pop, y es la música que siempre acompaña sus fiestas, reuniones, bautizos, comidas con los abuelos y fiestas infantiles.
Hay tantas tendencias en la moda... ¿Por qué usar todos lo mismo? Atrévanse a ver qué les queda bien y a darle a su vestuario un toque de humor, color y movimiento.
Hay más que hacer que beber alcohol todos los fines de semana e irse a bailar a la discoteca que esté de moda. Hay teatro, cine, salidas de la ciudad, descanso. Hay más que centros comerciales, y aunque esta ciudad, Caracas, ofrezca poco, si se pierde el miedo a lo convencional, pueden hacerse cosas interesantes.
Habrá quien diga que soy una 'intensa' por el hecho de querer escapar de lo común, y aunque para mí ese no es la definición de 'intensidad', si consideran que esa es mi etiqueta, pues será mi etiqueta (para ellos). De igual manera, esos que me denominan así son seres queridos, seres no comunes que no me aburren.
Oh... la gente común, ¡qué aburrida la gente común!
Hay tantas tendencias en la moda... ¿Por qué usar todos lo mismo? Atrévanse a ver qué les queda bien y a darle a su vestuario un toque de humor, color y movimiento.
Hay más que hacer que beber alcohol todos los fines de semana e irse a bailar a la discoteca que esté de moda. Hay teatro, cine, salidas de la ciudad, descanso. Hay más que centros comerciales, y aunque esta ciudad, Caracas, ofrezca poco, si se pierde el miedo a lo convencional, pueden hacerse cosas interesantes.
Habrá quien diga que soy una 'intensa' por el hecho de querer escapar de lo común, y aunque para mí ese no es la definición de 'intensidad', si consideran que esa es mi etiqueta, pues será mi etiqueta (para ellos). De igual manera, esos que me denominan así son seres queridos, seres no comunes que no me aburren.
Oh... la gente común, ¡qué aburrida la gente común!
jueves, 14 de octubre de 2010
Un recuerdo.
Y de repente recordé una anécdota...
Fue hace un poco más de un año en París, estaba con mis compañeros de viaje en el súper mercado donde siempre desayunábamos, almorzábamos y cenábamos (por cuestiones de economía... si no comíamos ahí, nos llevábamos la viandita del día). Estaba terminando mi almuerzo y veo que viene un señor que parecía bastante entrado en la década de los 40, yo diría que ya casi con 50, muy bien vestido, como si hubiera salido de la oficina a comer, al ver que él venía con su comida recién calentada, yo decidí que era momento de ceder mi silla y me dice en un inglés afrancesado algo como -"big legs!" - acompañado de un gesto con sus dos manos como para medir el tamaño de lo que veían sus ojos, y yo en esos días, con 10 kg de más encima, no pude sentir más que un complejo inmenso por mis piernas grandes y gordas... y lo vi con cara de "te odio" y me dice de nuevo con su inglés afrancesado... -"you... you... work out?" - y esta vez el gesto fue como simulando que hacía ejercicios en un Orbitrek; y yo sólo seguía con un signo de interrogación inmenso en mi frente y la últma aclaratoria que supo hacer fue -"you know, because you are beautiful".
Este episodio raro, incómodo, gracioso, frente a mis amigos nos sirvió de frase para la posteridad. Durante el viaje nos hizo reír y aún hoy lo recordamos de vez en cuando. Como muchas otras frases más que podrían tener su historia en algún post más adelante, algunas son :
- "Where is that black-mother-fucking diamond?".
- "Me cago en el Parlamento!".
- "Natural gas, from the earth".
- "The dark side of Peter Pan".
Entre otros...
Fue hace un poco más de un año en París, estaba con mis compañeros de viaje en el súper mercado donde siempre desayunábamos, almorzábamos y cenábamos (por cuestiones de economía... si no comíamos ahí, nos llevábamos la viandita del día). Estaba terminando mi almuerzo y veo que viene un señor que parecía bastante entrado en la década de los 40, yo diría que ya casi con 50, muy bien vestido, como si hubiera salido de la oficina a comer, al ver que él venía con su comida recién calentada, yo decidí que era momento de ceder mi silla y me dice en un inglés afrancesado algo como -"big legs!" - acompañado de un gesto con sus dos manos como para medir el tamaño de lo que veían sus ojos, y yo en esos días, con 10 kg de más encima, no pude sentir más que un complejo inmenso por mis piernas grandes y gordas... y lo vi con cara de "te odio" y me dice de nuevo con su inglés afrancesado... -"you... you... work out?" - y esta vez el gesto fue como simulando que hacía ejercicios en un Orbitrek; y yo sólo seguía con un signo de interrogación inmenso en mi frente y la últma aclaratoria que supo hacer fue -"you know, because you are beautiful".
Este episodio raro, incómodo, gracioso, frente a mis amigos nos sirvió de frase para la posteridad. Durante el viaje nos hizo reír y aún hoy lo recordamos de vez en cuando. Como muchas otras frases más que podrían tener su historia en algún post más adelante, algunas son :
- "Where is that black-mother-fucking diamond?".
- "Me cago en el Parlamento!".
- "Natural gas, from the earth".
- "The dark side of Peter Pan".
Entre otros...
lunes, 4 de octubre de 2010
Mi propio sistema de creencias.
Estas son las cosas en las que creo:
- Creo en algo más allá de lo que pueda ver, algunos lo llaman Dios, yo no le tengo nombre.
- Creo en la utopía de un mundo feliz.
- Creo en la ecología aunque no soy la más "verde" del planeta. Pero creo en la labor de los que cuidan el ambiente. Yo contribuyo con no usar muchas bolsas plásticas, con no arrojar basura por ahí, con no matar animales ni cortar plantas deliberadamente.
- Creo en el amor.
- Creo en el karma.
- Creo en una consciencia después de la muerte.
- Creo en el fin del mundo, así como creo en su inicio, expansión, crisis y decadencia.
- Creo en una vida mejor de la que tengo hoy a las 11:11 de la noche (realmente vi el reloj y esa era la hora al escribir esto).
- Creo que el problema no es el Blackberry, el problema es la cultura venezolana.
- Creo que tengo una vida feliz, equilibrada, plena y en proyección.
- Creo en la cultivación del intelecto y en el aprendizaje continuo a través del tiempo.
- Creo en los vegetarianos.
- Creo en todo aquello que quiera creer porque creo que creer es mejor que no creer.
- Creo en mí misma (la mayoría del tiempo).
Estas son las cosas en las que no creo:
- No creo en la mayoría de las religiones.
- No creo que el dinero pueda comprar la felicidad (a pesar de que ayude un poquito, no es determinante).
- No creo en que pueda hacerme "salva" y ganarme el reino de los cielos por el hecho de ser cristiana.
- No creo en muchísima gente: los políticos (principalmente), las autoridades de la iglesia, la gente en la calle.
- No creo en la dieta de los puntos.
- No creo que las armas hagan ni una mediana pizca de bien en el mundo.
- No creo que pueda ser vegetariana.
- No creo que pueda dejar de creer cosas.
domingo, 3 de octubre de 2010
Una imagen de país.

Esta es la imagen de país que se maneja por estas latitudes:
Si quieres, puedes pararte en medio de la calle y detener el tráfico, y una vez que le dices al que te toca corneta que te pase por encima si está tan apurado en un lenguaje no articulado sino gesticulado, tu copiloto puede bajarse y apuntarlo con una pistola para que deje de ser tan impaciente. Así te sigues tardando todo lo que te de la gana en entrar a donde quieres entrar. Es sencillo, sólo tienes que ser venezolano y complacerte con cuanta injusticia, acto violento y desorden surja a diario.
¿Quién dijo que este no era un país libre?
¡Oh, Venezuela! vengan extranjeros a disfrutar de la alegría del venezolano, vengan a disfrutar de los precios bajos, de la estabilidad política, de la cerveza Polar, de las temperaturas altas que parecen haber subido casualmente duante los últimos 10 años, de las playas pero sólo durante la luz del día. Vengan todos a vivir en el país que prometió hace unos 50 años ser la tierra del progreso y la felicidad, vengan y encuéntrense con la realidad, a ver si les gusta.
Si quieres, puedes pararte en medio de la calle y detener el tráfico, y una vez que le dices al que te toca corneta que te pase por encima si está tan apurado en un lenguaje no articulado sino gesticulado, tu copiloto puede bajarse y apuntarlo con una pistola para que deje de ser tan impaciente. Así te sigues tardando todo lo que te de la gana en entrar a donde quieres entrar. Es sencillo, sólo tienes que ser venezolano y complacerte con cuanta injusticia, acto violento y desorden surja a diario.
¿Quién dijo que este no era un país libre?
¡Oh, Venezuela! vengan extranjeros a disfrutar de la alegría del venezolano, vengan a disfrutar de los precios bajos, de la estabilidad política, de la cerveza Polar, de las temperaturas altas que parecen haber subido casualmente duante los últimos 10 años, de las playas pero sólo durante la luz del día. Vengan todos a vivir en el país que prometió hace unos 50 años ser la tierra del progreso y la felicidad, vengan y encuéntrense con la realidad, a ver si les gusta.
Venezuela, el país de la impotencia, de la desilusión, de los talentos en fuga. Venezuela, el país de las armas y la intolerancia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)